La Alquimia de la Ciencia

La ciencia es un mounstruo de destrucción y creación que no es ni bueno ni malo. Hoy por hoy se usa para acabar epidemias y etnias… Lo primero que hay que entender es que no es de nadie. Por eso es que es tan relevante para la política: todo ser humano es capaz de utilizar la ciencia independientemente para llegar a conclusiones iguales tan solo usando el instinto de sugestión, que es percepción, y la idea de que todo lo que es verdad se puede repetir. Es una comunicación que no requiere de autoridad alguna y da para una infinidad de acción efectiva y colectiva.

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¿Quién Mató al Estado?

Nadie, por supuesto, o todos: el estado murió porque los paradigmas clave de lo que significa una nación, una provincia, una ciudad, son teorías primitivas inalcanzables, se contradicen a cada paso. Lo que se supone que pase no está basado ni siquiera en observaciones racionales o científicas (¡imagínate!) de lo que ocurre y puede ocurrir en el mundo, sino toda una serie de objetivos imaginarios que no conducen sino a sí mismos. Nunca fue suficiente trabajar para aportar para recibir para trabajar. Siempre hizo falta alguna guerra, alguna potente mitología o misión civilizadora.

Nosotros somos seres humanos y necesitamos adueñarnos de nuestras propias necesidades de tener objetivos más allá de comer y trabajar. No es suficiente, como era con el estado, permitir jobis y pasa-tiempos para distraerse, o mitos. Capaz nunca antes fue así, pero hoy en día llevamos tanta habilidad técnica acumulada y tanta práctica cooperando que podemos depender de ello sin necesitar nuestros instintos menos realistas. Tenemos todos los recursos, toda la infraestructura, toda la tecnología de decenas de miles de años de esfuerzo colectivo.

Ciencia. Esa es la respuesta: ciencia, porque es el sistema que busca entre todo recurso, infraestructura y tecnología lo que funciona mejor, lo que es más valioso. Eso no significa dejarse guiar por científicos expertos, o por nadie. Significa aprender qué es la ciencia, y cómo usarla como elemento y herramienta valorante en interacciones.

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¿Por Qué Organizarnos?

La gran pregunta posestatal es por qué hacer política. La respuesta, como diría aquel gran poeta, es más personal que hongo vaginal: para sentirnos verdaderamente poderosos, equilibrados y seguros en nuestra cotidianidad necesitamos sentir que otra gente se está encargando de cosas que te benefician, cosas en las cuales eres y en las cuales no eres experto/a o si quiera tienes conocimiento alguno. No hay dios, no hay moral, no porque nunca hubo sino porque lo superamos, con lo cual una motivación puramente psicológica como esa es válida.

Es complicado lidiar con balances de poder, aún cuando las motivaciones son positivistas (quiero sentirme poderoso, equilibrado y seguro en mi cotidianidad, por ejemplo) y no negativistas (debo obedecer o tiranizar, es eso o pasarla bien mal).  No podemos ya contar con que un tercero armado vaya a reenforcar, no solo lo que acordemos, sino que lo acordemos de ciertas formas específicas las cuales establecen un paradigma de poder previo. Ahora las preguntas de crimen nos pertenecen a nosotros personalmente: ¿por qué siento que no me van a joder? Una buena combinación de entender que todo el mundo quiere la política del aumento de poder personal y buscar que todo acuerdo contenga mecanismos de prevención (desplegados de forma diplomática). Todo ahora es una especie de juego de ajedrez donde la victoria no está en la destrucción del oponente.

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No Sólo la Forma

La forma de nuestras organizaciones ya está cambiando por sí sola, el estado muerto ya es un frente mantenido por nuestra desesperada necesidad de él y aquellos que puedan alimentar, no satisfacer (cosa imposible), sino alimentar, hacer crecer la necesidad. La forma de nuestras organizaciones pos-estatales se está convirtiendo en una serie de relaciones específicas donde nadie logra mandar y cada vez se busca más que alguien mande. Probablemente esto llevaría a a un mundo cada vez más tercer, se me ocurre que el malandro es la expresión más simple y accesible del mando que se busca. Cada malandro es un proto-estado…

Buscar cambiar no es suficiente, el difunto es demasiado enorme. El estado no solo nos decía qué hacer sino por qué hacerlo. Tienes que trabajar en nuestro sistema regulado para aportar tu parte del esfuerzo y usar nuestro dinero de recompensa porque la mayor expresión que puedes tener como persona es con la habilidad de alimentar lo más posible ese sistema, de manera contabilizable por el dinero que puedas mover. Ahora las preguntas que nos aparecen son… poco prácticas: ¿Por qué usar dinero? ¿Trabajar? ¿Cómo socializar con otros cuando no hay la destrucción mutua asegurada de la ley?

La única verdadera respuesta es: por ahora, como no tenemos intención de renunciar al poder de la sociedad, seguiremos los pasos. Pero mientras el poder se va desintegrando al elemento más simple del malandro, nos tocará ir soñando en dos cosas. La primera la conocemos bien: cómo organizarnos de otra forma. La segunda es más difícil: ¿por qué organizarnos de otra forma?

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El Estado Ha Muerto

El Estado ha muerto… ¡Por fin!

¿Qué llevó a esa liberadora realidad?

Años y años de evolución humana. Bajo las presiones ambientales que se nos presentan, vamos usando ideas y herramientas. Una idea es más útil mientras más propósito tenga, cosa unidireccional que sufre por cada contradicción que la divida.

Las contradicciones del Estado ya no le permiten seguir siendo una idea, simplemente es una incómoda realidad. ¿Cómo podemos desarrollarnos bajo su tiranía? Ni si quiera tiene tiranía, en lugar de sus justificaciones y propósitos hay un vacío: “lo hacemos porque podemos.” A la cúspide de la pirámide de tal tumba se encuentra la esfera de ideales. No debemos indagar, ¡es una tumba! Sin embargo, las bases de esa pirámide tienen pistolas y bombas. No van a desaparecer, no hay ley que pueda decidir eso, ni es posible ya con un estado muerto si quiera querer hacer las cosas por ley.

Aprendamos a satisfacer cualquier necesidad que sintamos nos haga falta del moribundo organismo estatal mientras siga más o menos ahí, podemos usar la misma fantasía del estado para suavizar la transición fuera de él y empezar a desarrollar planos a partir de tecnologías que tenemos para colaborar sin el intermediario monetario del gobierno; por ejemplo: desarrollando y promocionando leyes que prevean espacios no regulados por el estado.

Empieza donde sea, ofrece pagarle a alguien cuyo producto o servicios consumas regularmente o te haga falta en algún producto o servicio tuyo que puedas ofrecer. Estas relaciones simples no pueden remplazar las viejas relaciones, pero generan un cambio suficiente para permitir nuevas complicaciones pos-estatales de lo que se puede llamar política.

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